“DE
LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA”
Por Gene Sharp, The Albert Einstein Institution
Hermanos al Rescate se honra en dedicar la traducción e impresión de esta obra a la heroica oposición en Cuba. Nuestro agradecimiento, respeto y admiración a René Gómez Manzano, Marta Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez y Félix Antonio Bonne Carcassés, quienes por publicar la verdad sobre la tiranía castrista en “La Patria Es de Todos” sufren prisión en Cuba. Estos hermanos, entre muchos otros, representan la dignidad de nuestro pueblo y hacen evidente la realidad del desafío cívico interno a la tiranía y la existencia de una alternativa política netamente cubana en nuestro suelo.
Para
Cuba con Amor
Hermanos
al Rescate
DE
LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA
Una
Infraestructura Conceptual para la Liberación
Gene
Sharp
Principal
Académico
The
Albert Einstein Institution
Derecho de propiedad literaria de Gene Sharp,
1993. Todos los derechos reservados,
incluyendo derecho de traducción. Todas
las solicitudes (que serán consideradas con simpatía) deben ser dirigidas por
escrito a Gene Sharp, Albert Einstein Institution, 50 Church Street, Cambridge,
Massachusetts 02138, USA: Teléfono: USA (617)-876-0311 y fax: USA
(617)-876-0837.
Traducción al Español por Hermanos al Rescate
Prólogo 5
Primero
Enfrentándose
a dictaduras realísticamente
Un problema que
continúa 8
¿La libertad a través
de la violencia? 10
¿Golpes
de estado, elecciones, salvadores foráneos?
11
Enfrentándose
a la dura realidad 12
Segundo
Los
peligros de las negociaciones
Los
méritos y limitaciones de las negociaciones 14
¿Una
rendición negociada? 14
El
poder y la justicia en negociaciones 15
Dictadores
“agradables” 16
¿Qué
tipo de paz? 17
Razones
para la esperanza 18
Tercero
¿De
dónde proviene el poder?
La
fábula del “Amo de los Monos” 19
Fuentes
necesarias del poder político 19
Centros
del poder democrático 21
Cuarto
Las
dictaduras tienen puntos débiles
Identificando
el talón de Aquiles 23
Puntos
débiles de las dictaduras 23
Atacando
los puntos débiles de las dictaduras 24
Quinto
Ejerciendo
poder 25
Armas
y disciplina noviolenta 26
La
comunicación abierta, la secreta y los altos principios 28
Cambiando las
relaciones del poder 29
Cuatro
mecanismos de cambio 30
Efectos
democratizantes de la política de desafío 31
Complejidad
de la lucha noviolenta 32
Sexto
La
necesidad de planeación estratégica
Planeación
realista 33
Obstáculos
a la planeación 33
Cuatro
términos importantes en la planeación estratégica 35
Séptimo
Planeando
la estrategia
Selección
de medios 39
Planeando
para la democracia 39
Asistencia
externa 40
Formulando
la gran estrategia 40
Planeando
estrategias para la campaña 42
Divulgando
la idea de la nocooperación 43
Represión
y contramedidas 44
Adhiriéndose
al plan estratégico 45
Octavo
Aplicando
el desafío político
Resistencia
selectiva 46
Reto
simbólico 47
Diseminando
la responsabilidad 47
Apuntando
al poder de los dictadores 48
Cambios
en estrategia 50
Noveno
Desintegrando
la dictadura 50
Desintegrando
la dictadura 53
Manejando
el éxito responsablemente 54
Décimo
Los
cimientos para una democracia duradera 55
Bloqueando
golpes de estado 56
Redactando
una constitución 56
Una
política de defensa democrática 57
Una
responsabilidad meritoria 58
Apéndice 60
Los
métodos de la acción noviolenta 60
Sobre
el autor 68
Prólogo
Una de mis grandes preocupaciones durante
muchos años ha sido cómo los pueblos pueden prevenir y destruir dictaduras. Esto ha sido fomentado en parte por una
creencia que los seres humanos no deben ser dominados y destruidos por esos
regímenes. Esta creencia ha sido
fortalecida leyendo sobre la importancia de la libertad humana, la naturaleza
de las dictaduras (desde Aristóteles a analistas de totalitarismo), y la
historia de las dictaduras (especialmente los sistemas nazistas y
estalinistas).
En el transcurso de los años he tenido la
ocasión de conocer a personas que vivieron y sufrieron bajo el poder nazi,
incluyendo algunos que sobrevivieron los campos de concentración. En Noruega conocí a personas que resistieron
el poder fascista y sobrevivieron, y he sabido de aquéllos que murieron. He hablado con judíos que escaparon de las
garras del nazismo y con personas que ayudaron a salvarlos.
El conocimiento sobre el terror de los
regímenes comunistas en varios países lo he adquirido más de libros que de
contactos personales. El terror de
estos sistemas me parece especialmente conmovedor ya que fueron impuestos en
nombre de la liberación de la opresión y la explotación.
En décadas más recientes, durante visitas de
personas de países regidos por dictaduras, como Panamá, Polonia, Chile, Tíbet,
y Birmania, las realidades de las dictaduras de hoy en día se convirtieron más reales. De los tibetanos que lucharon contra la
agresión de la China comunista, los rusos que derrotaron en agosto de 1991 el
golpe de estado extremista y los tailandeses que bloquearon noviolentamente un
retorno al gobierno militar, he ganado perspectivas, a menudo penosas, de la
insidiosa naturaleza de las dictaduras.
El sentido de patetismo e ira contra las
brutalidades, junto con la admiración al heroísmo tranquilo de hombres y
mujeres increíblemente valientes, era algunas veces fortalecido por visitas a
sitios donde los peligros eran todavía considerables; y sin embargo, el desafío
de los valientes continuaba. Estos
incluían a Panamá bajo Noriega; Vilnius, Lituania, bajo la represión soviética;
la Plaza de Tiananmen, Beijing, durante la festiva demostración de libertad y
cuando los primeros camiones de personal armado entraron en ella esa fatídica
noche; y el cuartel general en la selva de la oposición democrática en
Manerplaw en la “Birmania liberada”.
A veces he visitado los sitios donde murieron los
caídos, como la torre de televisión y el cementerio en Vilnius, el parque
público en Riga donde personas fueron ametralladas, el centro de Ferrara al
norte de Italia donde los fascistas alinearon y fusilaron a los miembros de la
resistencia, y un simple cementerio en Manerplaw lleno de cadáveres de hombres
que murieron demasiado jóvenes. Es una
triste realidad que cada dictadura deja muerte y destrucción a su paso.
De estas preocupaciones y experiencias creció
una esperanza y determinación que la prevención de las tiranías podría ser
posible, que las luchas contra dictaduras podrían ser libradas sin mutuas
matanzas en masa, que las dictaduras podrían ser destruidas y que era posible
prevenir que nuevas dictaduras surgieran de las cenizas de las dictaduras
derrocadas.
He tratado de pensar con cuidado sobre los
medios más efectivos para desintegrar dictaduras con éxito con el menor costo
en sufrimiento y vidas. Para hacer esto
he usado mis estudios de muchos años sobre dictaduras, movimientos de resistencia,
revoluciones, pensamiento político, sistemas de gobierno, y especialmente la
realista lucha noviolenta.
Esta publicación es el resultado. Estoy seguro que dista de ser perfecta. Sin embargo, quizás, ofrece alguna guía para
asistir en el pensamiento y planeación para producir movimientos de liberación
que son más poderosos y efectivos que lo que podrían ser bajo otras
circunstancias.
Por necesidad, y por decisión deliberada, el
foco de este ensayo es el problema genérico de como destruir una dictadura y
prevenir la formación de una nueva. No
tengo la capacidad para producir un análisis detallado y una fórmula para un
país específico.
Sin embargo, es mi esperanza de que este
análisis genérico pueda ser útil a personas que, desafortunadamente en muchos
países, se enfrentan ahora a las realidades de vivir bajo una dictadura. Estas tendrán que determinar la validez de
este análisis para sus situaciones particulares y hasta qué punto las
recomendaciones principales son, o pueden hacerse aplicables a sus luchas por
la liberación.
Tengo varias deudas de gratitud. Bruce Jenkins, mi asistente especial, ha
hecho una contribución inestimable al identificar problemas de contenido y
presentación, y a través de sus incisivas recomendaciones para una presentación
más clara de ideas difíciles (especialmente las concernientes a estrategia),
reorganización de la estructura y
cambios editoriales. También estoy agradecido a la asistencia editorial de Stephen
Coady. El Dr. Chistopher Kruegler y
Robert Helvey han ofrecido críticas y consejos muy importantes. La Dra. Hazel McFerson y Dra. Patricia
Parkman me han suministrado información de luchas en Africa y América Latina,
respectivamente. A pesar de que esta
obra se ha beneficiado grandemente de ese generoso apoyo, el análisis y las
conclusiones son mi responsabilidad.
En ningún momento en este análisis presumo que
desafiar dictadores será fácil o sin costo.
Todas las formas de lucha tienen complicaciones y costos. La lucha contra dictadores va a causar
bajas. Es mi esperanza, sin embargo,
que este análisis aliente a los líderes de la resistencia a considerar
estrategias que puedan aumentar su poder efectivo mientras que reduzcan el
nivel relativo de bajas sufridas.
Este análisis tampoco debe ser interpretado como
indicación que una vez que una dictadura específica termine, todos los otros
problemas desaparecerán. La caída de un
régimen no trae una utopía. Lo que hace
es abrir el camino para un arduo trabajo y largos esfuerzos para construir unas
relaciones sociales, económicas y políticas más justas y erradicar otras formas
de injusticia y opresión. Es mi
esperanza que este breve examen de cómo una dictadura puede ser desintegrada
pueda ser útil a aquellos pueblos que viven
bajo una dominación y que desean ser libres.
Gene
Sharp
6 de octubre de 1993
·
Albert Einstein Institution
·
50 Church Street
·
Cambridge, Massachusetts 02138, USA
Primero
Enfrentándose
a Dictaduras Realísticamente
En años recientes varias dictaduras, de origen
interno y externo, se han derrumbado o se han tambaleado al ser confrontadas
por pueblos desafiantes y movilizados.
Algunas de estas dictaduras, a menudo vistas como firmemente
establecidas e impugnables, han
demostrado que son incapaces de aguantar el
sistemático desafío político, económico y social del pueblo.
Desde el año 1980 dictaduras se han derrumbado
bajo el desafío noviolento del pueblo en Estonia, Latvia y Lituania; Polonia,
Alemania Oriental, Checoslovaquia y Eslovenia; y en Madagascar, Malí, Bolivia y
las Filipinas. La resistencia
noviolenta ha obtenido logros en el movimiento de democratización en Nepal,
Zambia, Corea del Sur, Chile, Argentina, Haití, Brasil, Uruguay, Malawi,
Tailandia, Bulgaria, Hungría, Zaire, Nigeria y varios países de la derrocada
Unión Soviética, habiendo jugado un papel importante en la derrota del golpe de
estado de 1991 en la Unión Soviética.
También, desafíos políticos masivos (1) han
ocurrido en China, Birmania y el Tíbet en años recientes. A pesar de que estas luchas no han derrocado
a las dictaduras imperantes o ocupaciones, han expuesto la naturaleza brutal de
esos regímenes represivos a la comunidad mundial y han provisto a los pueblos
una valiosa experiencia en esta forma de lucha.
El colapso de dictaduras en los países antes mencionados
ciertamente no ha borrado todos los otros problemas en esas sociedades: la
pobreza, el crimen, la ineficiencia burocrática, y la destrucción del medio
ambiente son frecuentemente el legado de regímenes brutales. Sin embargo, la caída de estas dictaduras
ha, en pequeña escala, eliminado el sufrimiento de las víctimas de la opresión
y ha abierto el camino para la reconstrucción de estas sociedades con mayor
democracia política, libertades personales, y justicia social.
Un
problema que continúa
Ha habido definitivamente una tendencia hacia
una mayor democratización y libertad en el mundo en las últimas décadas. De acuerdo a Freedom House, que recopila un
sondeo internacional anual de la condición de los derechos políticos y las
libertades civiles, el número de países en el mundo clasificado como “libre” ha
aumentado significativamente en los últimos diez años: (2)
Libres Parcialmente Libres No Libres
1983 55 76 64
1993 75 73 38
Sin embargo, esta tendencia positiva es
moderada por un gran número de pueblos que todavía viven bajo tiranías. En enero de 1993 el 31% de la población
mundial de 5.45 mil millones de habitantes vivía en países y territorios designados
como “no libres” (3), es decir, áreas donde los derechos políticos y las
libertades civiles están extremadamente restringidos. Los 38 países y 12 territorios en la categoría “no libre” están
gobernados por dictaduras militares (como en Birmania y el Sudán); monarquías
represivas tradicionales (como en Arabia Saudita y Bhutan); partidos políticos
dominantes (como en China, Iraq, y Corea del Norte); ocupadores extranjeros
(como en el Tíbet y Timor Oriental), o están en un período de transición.
Muchos países hoy en día están en una etapa de rápido
cambio económico, político y social. A
pesar de que el número de países “libres” ha aumentado en los últimos diez
años, hay un gran riesgo de que muchas naciones, al enfrentarse a estos cambios
fundamentales tan rápidos, se moverán en la dirección opuesta y experimentarán
con nuevas formas de dictadura. Grupos
militares, individuos ambiciosos, oficiales electos, y partidos políticos
doctrinales repetidamente intentarán imponer su voluntad. Los golpes de estado son y serán ocurrencias
comunes. Se continuará negando los
derechos humanos y políticos a un vasto número de pueblos.
Desafortunadamente, el pasado todavía está con
nosotros. El problema de las dictaduras
es profundo. Personas en muchos países
han sufrido décadas y hasta siglos de opresión, ya sea de origen doméstico o
foráneo. Frecuentemente, la sumisión
incuestionable a figuras de autoridad y gobernantes ha sido inculcada por largo
tiempo. En casos extremos, las
instituciones sociales, políticas, económicas y hasta religiosas de una sociedad,
fuera del control del estado, han sido deliberadamente debilitadas,
subordinadas y hasta reemplazadas por nuevas instituciones regimentadas y
usadas por el estado o el partido en el poder para controlar a la sociedad. La población ha sido frecuentemente
atomizada (convertida en una masa de individuos aislados) incapaces de trabajar
juntos para obtener su libertad, de confiar los unos en los otros, o de
siquiera hacer mucho por su propia iniciativa.
El resultado es predecible: la población se debilita, carece de estima
personal, y es incapaz de resistir. Las
personas frecuentemente tienen demasiado miedo para compartir su odio hacia la
dictadura y sus ansias de libertad aún con su familia y amigos. Las personas frecuentemente están demasiado
horrorizadas para pensar seriamente en una resistencia pública. De cualquier manera, ¿cuál va a ser el
resultado? En su lugar, se enfrentan a
un sufrimiento sin propósito y a un futuro sin esperanza.
Las condiciones en las dictaduras actuales
pueden ser mucho peor que antes. En el
pasado, algunas personas podían haber intentado resistir. Protestas masivas y manifestaciones de corta
duración podían haber ocurrido. Quizás
los ánimos se alzaran momentaneamente.
En otras ocasiones, individuos y grupos pequeños podían haber conducido
valientes pero futiles gestos, afirmando algún principio o simplemente su
desafío. No obstante la nobleza de los
motivos, tales actos de resistencia en el pasado frecuentemente no han sido
suficientes para superar el miedo del pueblo y su hábito de obediencia, un
requisito necesario para destruir la dictadura. Tristemente, estos actos pueden haber acarreado sólo un aumento
del sufrimiento y del número de víctimas, en vez de victorias o tan siquiera
esperanza.
¿La
libertad a través de la violencia?
¿Qué hay que hacer en estas
circunstancias? Las posibilidades
obvias parecen inútiles. Las barreras
legales y constitucionales, decisiones judiciales, y la opinión pública son
normalmente ignoradas por los dictadores.
Es comprensible que al reaccionar a las brutalidades, torturas,
desapariciones y asesinatos, algunas personas concluyan que solamente la
violencia puede poner fin a la dictadura.
Víctimas furiosas se han organizado algunas veces para pelear contra la
brutalidad de dictadores, con cualquier capacidad militar y capacidad para la
violencia que son capaces de aunar, a pesar de que las probabilidades de
triunfo estén en su contra. Estas
personas frecuentemente han peleado valientemente, con un alto costo en
sufrimiento y en vidas. Sus logros han
sido a veces admirables, pero pocas veces han logrado la libertad. Las rebeliones violentas pueden causar una
brutal represión que frecuentemente deja al pueblo más desamparado que antes.
Sin embargo, cualesquiera que sean los méritos
de la opción por la violencia, un punto
es claro. Al confiar en los medios violentos, uno ha escogido el mismo tipo de
lucha en la cual los opresores casi siempre tienen superioridad. Los dictadores están equipados para aplicar
una violencia aplastante. No importa si
estos demócratas pueden continuar por un período largo o corto, eventualmente
la dura realidad militar se hace evidente:
los dictadores casi siempre tienen superioridad de armamentos,
municiones, transporte, y en el tamaño de las fuerzas militares. A pesar de su valentía, los demócratas están
(casi siempre) en una condición de inferioridad.
Cuando una rebelión por medios militares
convencionales no se considera realista, algunos disidentes favorecen entonces
la guerra de guerrilla. Sin embargo, la
guerra de guerrilla, en pocas condiciones (si es que existe alguna) beneficia a
la población oprimida y trae una democracia.
La guerra de guerrilla no es la solución obvia, especialmente dada su
inmensa tendencia a un gran número de pérdidas de vida entre el propio
pueblo. Esta técnica no garantiza el
éxito, a pesar de las teorías a su favor y los análisis estratégicos y a veces
el apoyo internacional. La guerrilla
frecuentemente lucha por largo tiempo.
La población civil es frecuentemente desplazada por el gobierno en el
poder, resultando en un inmenso sufrimiento humano en la dislocación social.
Aún cuando tiene éxito, la guerra de guerrilla
frecuentemente deja, a largo plazo, serias
consecuencias estructurales negativas.
Inmediatamente, el régimen atacado se vuelve más dictatorial como
resultado de sus contra medidas. Si
triunfa la guerrilla, el nuevo régimen es frecuentemente más dictatorial que el
que lo precedió debido al impacto
centralizador de la expansión de las fuerzas militares y el
debilitamiento o destrucción de los grupos e instituciones independientes de la
sociedad durante la lucha, instituciones que son vitales en el establecimiento
y mantenimiento de una sociedad democrática.
Los oponentes a las dictaduras deben buscar otra opción.
¿Golpes
de estado, elecciones, salvadores foráneos?
Un golpe de estado contra una dictadura puede
parecer, relativamente, como una de las maneras más fáciles y rápidas de
derrocar a un régimen especialmente repugnante. Sin embargo, hay problemas muy serios con esta técnica. En primera, deja intacta la existente mala
distribución del poder entre la población y la élite que controla el gobierno y
sus fuerzas militares. El reemplazar a
personas o grupos específicos de posiciones gubernamentales probablemente sólo
hará posible que otro grupo tome su lugar.
En teoría, este grupo puede ser más suave en su comportamiento y abierto
en un modo limitado a reformas democráticas.
Sin embargo, lo opuesto tiene las mismas probabilidades de suceder.
Después de consolidar su posición, el nuevo
grupo puede ser más despiadado y ambicioso que el anterior. Consecuentemente, el nuevo grupo, en el cual
se han depositado las esperanzas, podrá hacer lo que quiera sin hacer nada por
la democracia o los derechos humanos.
Esta no es una respuesta aceptable al problema de las dictaduras.
Bajo regímenes dictatoriales, las elecciones no
son un instrumento efectivo para el cambio político. Algunos sistemas dictatoriales, como los de la antigua Unión
Soviética, jugaban el papel para parecer democráticos. Esas elecciones, sin embargo, eran
plebiscitos rígidamente controlados para obtener el endoso público de
candidatos seleccionados por los dictadores.
Los dictadores bajo presión pueden a veces acceder a nuevas elecciones,
para entonces perpetrar fraude y colocar a títeres civiles en oficinas
gubernamentales. En el caso en que las
dictaduras les han permitido a los candidatos de la oposición a participar en
las elecciones y éstos han sido elegidos, como el caso de Birmania en 1990 y
Nigeria en 1993, el resultado puede ser simplemente ignorar a los “vencedores”
y hacerlos víctimas de intimidación, arresto, y hasta ejecución. Los dictadores no están en el negocio de permitir
elecciones que puedan sacarlos de sus tronos.
Muchas personas que ahora sufren bajo una
brutal dictadura, o que están en el exilio para escapar sus garras, no creen
que los oprimidos se puedan liberar.
Ellos esperan que su pueblo sólo puede ser salvado por las acciones de
otros. Estas personas colocan su
confianza en fuerzas externas. Creen
que sólo la ayuda internacional puede ser lo suficientemente fuerte para
derrocar a los dictadores.
El punto de vista que los oprimidos son
incapaces de actuar efectivamente es a veces correcta por algún período de
tiempo. Como hemos notado,
frecuentemente los pueblos oprimidos no quieren y temporalmente son incapaces
de luchar porque no tienen confianza en su habilidad de enfrentarse al dictador
despiadado, y no conocen una manera de salvarse. Es por eso comprensible que mucha gente coloque sus esperanzas
para la liberación en otros. Esta
fuerza externa puede ser “opinión pública”, las Naciones Unidas, un país en
particular, o sanciones económicas y políticas internacionales.
Este escenario puede resultar consolador, pero
siempre hay graves problemas en confiar en un salvador de afuera. Esta confianza puede resultar completamente
infundada.
Usualmente no hay salvadores foráneos que
acudan al rescate, y si un estado foráneo interviene, probablemente no se debe
confiar en él. Unas pocas duras
realidades concernientes a depender en una intervención foránea deben ser
enfatizadas aquí:
·
Frecuentemente, estados foráneos tolerarán, o
hasta ayudarán, a la dictadura para avanzar sus propios intereses económicos o
políticos.
·
Países extranjeros pueden estar dispuestos a
traicionar a pueblos oprimidos en vez de mantener sus promesas de ayudarlos en
su liberación a un costo de otro objetivo.
·
Algunos países extranjeros solamente actuarán
contra una dictadura para ganar control económico, político o militar sobre ese
país.
·
Los países extranjeros pueden involucrarse por
motivos positivos solamente siempre y cuando el movimiento de resistencia
interna haya comenzado a socavar a la dictadura, habiendo de esta manera
enfocado la atención internacional en la naturaleza brutal del régimen.
Las dictaduras normalmente existen
principalmente debido a la distribución interna del poder en el país, cuando la
población y la sociedad son muy débiles para causarle serios problemas a la
dictadura y la riqueza y el poder están concentrados en muy pocas manos. A pesar de que las dictaduras se pueden
beneficiar de, o ser un poco debilitadas por, acciones internacionales, su
continuidad depende principalmente de factores internos.
Las presiones internacionales pueden ser muy
útiles, sin embargo, cuando apoyan a un fuerte movimiento de resistencia
interna. Entonces, por ejemplo, los
boicots económicos internacionales, embargos, la ruptura de relaciones
diplomáticas, la expulsión de organismos internacionales, la condena de las
Naciones Unidas y otras medidas pueden ayudar considerablemente. Sin embargo, en la ausencia de un fuerte
movimiento de resistencia interna, esas acciones de otros probablemente no
ocurrirán.
Enfrentándose
a la dura realidad
La conclusión es dura. Cuando uno quiere derrocar a una dictadura
de la manera más efectiva y con un mínimo costo, entonces uno tiene que
ejecutar cuatro tareas inmediatamente:
·
Fortalecer a la población oprimida reforzando
su determinación, su confianza en ellos mismos, y su habilidad para resistir;
·
Fortalecer los grupos sociales e instituciones
independientes del pueblo oprimido;
·
Crear una poderosa fuerza de resistencia
interna; y
·
Desarrollar un plan estratégico de liberación
inteligente y abarcador e implementarlo hábilmente.
Una lucha de liberación requiere valerse por
uno mismo así como fortalecer internamente el grupo que lucha. Como dijo Charles Stewart Parnell durante la
campaña para la huelga de la renta en Irlanda en 1879 y 1880:
“No tiene sentido contar con el gobierno...Sólo
pueden contar con su propia determinación...Ayúdense parándose
juntos...fortalezcan a aquéllos entre ustedes que son débiles..., únanse,
organícense...y tendrán que triunfar...Cuando ustedes ya hayan madurado esta
pregunta al punto de resolución,
entonces y no hasta entonces será resuelta.”(4)
La dictadura eventualmente se desmoronará
enfrentada contra una fuerte fuerza que se valga por sí misma y que tenga una
estrategia inteligente, una acción valerosa y disciplinada, y una fortaleza
genuina. Sin embargo, como mínimo, los cuatro requisitos antes mencionados
tienen que ser llevados a cabo.
Como indicamos arriba, librarse de una
dictadura depende en última instancia de la habilidad de los pueblos de
liberarse ellos mismos. Los casos de
desafío político exitoso, o de lucha noviolenta con fines políticos, citados
arriba, indican que los medios sí existen para que los pueblos se liberen, pero
que esa opción ha permanecido sin desarrollarse. Vamos a examinar esta opción en detalle en los siguientes
párrafos. Sin embargo, primero debemos
evaluar la opción de negociar como una manera de desmantelar dictaduras.
Segundo
Los
peligros de las negociaciones
Encarados con los problemas severos de confrontar
a una dictadura, (como hemos examinado en el Capítulo Primero), algunas
personas pueden retroceder a la sumisión pasiva. Otros, al no ver la oportunidad de lograr la democracia, pueden
concluir que tienen que aceptar la aparentemente permanente dictadura, con la
esperanza que a través de “la conciliación”, “el compromiso”, y “las
negociaciones”, ellos podrían rescatar algunos factores positivos y terminar
con las brutalidades. Cuando
superficialmente parece que no hay opciones realistas, estas ideas tienen su
atractivo.
La lucha seria contra dictaduras brutales no es
un proyecto agradable. ¿Por qué es
necesario seguir esta ruta? ¿No puede
todo el mundo ser razonable y encontrar maneras de hablar y negociar el camino
gradual a poner fin a la dictadura? ¿No
pueden los demócratas apelar al sentido de humanidad de los dictadores y
convencerlos a reducir su dominación poco a poco y quizá finalmente a permitir
el establecimiento de una democracia?
A veces se argumenta que la verdad no está
totalmente de un solo lado. ¿Quizá los
demócratas no entendieron a los dictadores, que pueden haber actuado de buena
fe en circunstancias difíciles? O quizá
algunos piensan que los dictadores se removerían
gustosamente de la difícil situación que encara
el país si solamente se les diera ánimo e incentivos. Puede ser argumentado que a los dictadores se les puede ofrecer
una solución en la cual todo el mundo gana algo. Los riesgos y el dolor de continuar la lucha pueden ser
innecesarios, puede ser argumentado, si la oposición democrática está dispuesta
a resolver el conflicto pacíficamente mediante negociaciones (que quizá hasta
pueden ser asistidas por individuos hábiles o quizá por otro gobierno.) ¿No sería esto preferible a una lucha, aún
si es una conducida por la noviolencia en vez de un conflicto militar?
Los
méritos y limitaciones de las negociaciones
La negociación es un instrumento muy útil para
resolver ciertos tipos de conflictos y no debe ser ignorada o rechazada cuando
es apropiada. En algunas situaciones,
cuando no hay asuntos fundamentales en juego, y, por lo tanto, es aceptable
hacer concesiones mutuas, las negociaciones pueden ser una manera importante de
resolver un conflicto. Una huelga
laboral por sueldos más altos es un buen ejemplo del papel apropiado para la
negociación en un conflicto: una acuerdo negociado puede proveer un aumento en
algún punto entre las sumas originalmente propuestas por las dos partes en la
contienda. Conflictos laborales con sindicatos
legales son, sin embargo, muy distintos a los conflictos donde la continuada
existencia de una cruel dictadura o el establecimiento de la libertad política
están en juego.
Cuando los asuntos en juego son fundamentales,
afectando principios religiosos, asuntos de libertad humana, o el completo
futuro desarrollo de la sociedad, las negociaciones no proveen una manera de
alcanzar una solución mutuamente satisfactoria. En algunos puntos básicos no debe haber concesiones. Sólo un cambio en el poder a favor de los
democráticos puede salvaguardar adecuadamente los puntos básicos en juego. Ese cambio ocurrirá a través de la lucha, no
por medio de negociaciones. Esto no
quiere decir que nunca se debe usar la negociación. El punto aquí es que la negociación no es una forma realista de
eliminar una dictadura fuerte en la ausencia de una poderosa oposición
democrática.
Negociaciones, desde luego, pueden
definitivamente no ser una opción. Los
dictadores firmemente atrincherados que se sienten seguros en su posición
pueden rechazar negociar con sus oponentes democráticos. O, cuando las negociaciones ya se han
iniciado, los negociadores democráticos pueden desaparecer para jamás volver a
saberse de ellos.
¿Una
rendición negociada?
Los individuos y grupos que se oponen a una
dictadura y favorecen negociaciones frecuentemente tienen buenos motivos. Especialmente cuando una lucha militar ha
continuado por años contra una brutal dictadura sin alcanzar la victoria final,
es comprensible que todo el pueblo, sin distinción de persuasión política,
quiera la paz. Las negociaciones
probablemente van a ser particularmente consideradas por los demócratas cuando
los dictadores tienen una clara superioridad militar y la destrucción y pérdida
de vidas del pueblo ya no se pueden soportar más. Entonces habrá una fuerte tentación a explorar cualquier otra
ruta que pueda rescatar algunos objetivos de los demócratas mientras que se
termine el ciclo de violencia y contraviolencia.
La oferta por una dictadura de “paz” a través
de negociaciones con la oposición democrática es, desde luego, bastante poco
ingeniosa. La violencia podría ser
terminada inmediatamente por los dictadores mismos, si sólo fuesen capaces de
dejar de combatir a su propio pueblo.
Podrían por su propia iniciativa y sin regateos restaurar el respeto por
la dignidad y los derechos humanos, liberar a los presos políticos, terminar la
tortura, parar las operaciones militares, retirarse del gobierno, y disculparse
con el pueblo.
Cuando la dictadura es fuerte pero existe una
resistencia irritante, los dictadores pueden querer negociar con la oposición
para que se rinda bajo el engaño de “hacer la paz”. El llamado a negociar puede sonar atractivo, pero graves peligros
pueden estar al acecho en la sala de negociaciones.
En otra situación, cuando la oposición es
excepcionalmente fuerte y la dictadura está genuinamente amenazada, los
dictadores pueden buscar negociar para rescatar lo más posible de su control y
riqueza. En ningún caso los demócratas
deben ayudar a los dictadores a lograr sus metas.
Los demócratas deben estar alertas a la
posibilidad de trampas que pueden ser parte del proceso de negociación de los
dictadores. El llamado a negociar,
cuando asuntos básicos de libertades políticas están en juego, puede ser un
esfuerzo por los dictadores para inducir a los demócratas a rendirse
pacíficamente mientras que la violencia por parte de la dictadura
continúa. En esos tipos de conflicto el
único papel adecuado para las negociaciones puede ocurrir al final de una lucha
decisiva cuando el poder de los dictadores ha sido completamente destruido y
ellos buscan salvoconducto a un aeropuerto internacional.
El
poder y la justicia en las negociaciones
Si este juicio parece un comentario muy crudo
sobre las negociaciones, entonces un poco del romanticismo asociado con ellas
tiene que ser moderado. Se requiere
pensar claramente sobre cómo operar las negociaciones.
“Negociación” no quiere decir que dos facciones
se sienten juntas en una base de igualdad a discutir y resolver las diferencias
que produjeron el conflicto entre ellos.
Dos verdades deben recordarse.
Primero, en negociaciones la relativa justicia de los puntos y objetivos
en conflicto no es lo que determina el contenido del acuerdo negociado. Segundo, el contenido del acuerdo negociado
es en gran parte determinado por la capacidad de poder de cada grupo en la
contienda.
Muchas preguntas difíciles tienen que ser
consideradas. ¿Qué puede cada grupo
hacer en una fecha futura para obtener sus objetivos si no se llega a un
acuerdo en la mesa de negociaciones?
¿Qué puede hacer cada grupo después de que se llega a un acuerdo si el
otro grupo rompe su palabra y usa sus fuerzas disponibles para apoderarse de
sus objetivos a pesar del acuerdo?
En negociaciones no se llega a un acuerdo a
través de la evaluación de los buenos y malos puntos de los asuntos en
cuestión. Mientras que éstos pueden ser
discutidos, los resultados reales de las negociaciones vienen de la evaluación
del poder absoluto y relativo de las facciones en conflicto. ¿Cómo pueden los demócratas asegurarse que
sus reclamaciones mínimas no serán negadas?
¿Qué pueden hacer los dictadores para mantenerse en control y
neutralizar a los demócratas? En otras
palabras, si hay un acuerdo, es probable que resulte del estimado, por cada
grupo, del poder relativo de los otros grupos y del cálculo de los resultados
de una posible lucha abierta.
Hay también que prestar atención a qué tipo de
sacrificios cada grupo está dispuesto a ofrecer para llegar a un acuerdo. En negociaciones exitosas, hay un arreglo,
un acomodo en las diferencias. Cada
grupo recibe parte de lo que quiere y cede parte de sus objetivos.
En caso de dictaduras extremas, ¿qué van las
fuerzas por la democracia a sacrificar a los dictadores? ¿Qué objetivos de las fuerzas por la
democracia van a ser aceptados por los dictadores? ¿Van los demócratas a otorgar a los dictadores (ya sea un partido
político o un grupo militar) el derecho de jugar un papel permanente en un
gobierno futuro? ¿Qué tiene eso de
democrático?
Aún asumiendo que todo va bien en las
negociaciones, es necesario preguntar: ¿Qué clase de paz resultará? ¿Será la vida mejor o peor de lo que sería
si los demócratas comenzaran o continuaran la lucha?
Dictadores
“agradables”
Los dictadores pueden tener una variedad de
motivos y objetivos que causan su dominación: poder, posición, riqueza, querer
cambiar la sociedad, y otros. Uno debe
recordar que no podrán obtener ninguno de éstos si abandonan sus posiciones de
control. En caso de negociación, los
dictadores tratarán de conservar sus metas.
Cualesquiera que sean las promesas ofrecidas
por los dictadores en cualquier acuerdo negociado, nadie debe olvidar que los
dictadores pueden prometer cualquier cosa para asegurar la sumisión de los
oponentes democráticos, para luego descaradamente violar esos mismos acuerdos.
Si los demócratas están de acuerdo en parar la
resistencia para alcanzar un alivio en la represión, pueden resultar muy
decepcionados. Un paro a la resistencia
rara vez trae una reducción en la represión.
Una vez que el freno de la fuerza de la oposición interna y externa ha
sido eliminado, los dictadores pueden recrudecer aún mas su opresión y hacer la
violencia aún más brutal que antes. El
colapso de la resistencia popular frecuentemente remueve la fuerza de
contrapeso que ha limitado el control y la brutalidad de la dictadura. Los
tiranos entonces pueden arremeter contra quien quieran. “Porque el tirano tiene el poder de infligir
sólo lo que nosotros carecemos la fuerza para resistir,” escribió Krishnalal
Shridharani. (5)
La
resistencia, no la negociación, es esencial para el cambio en los conflictos
donde asuntos fundamentales están en juego.
En casi todos los casos, la resistencia tiene que continuar para sacar a
los dictadores del poder. El éxito es
más frecuentemente determinado no negociando un acuerdo, sino a través del uso
inteligente de los métodos más apropiados y poderosos de resistencia
disponibles. Es nuestra aseveración, a
ser explorada más adelante en más detalle, que el desafío político, o la lucha
noviolenta, es el instrumento más poderoso disponible a aquéllos que luchan por
la libertad.
¿Qué
tipo de paz?
Si los dictadores y demócratas hablasen sobre
la paz de alguna manera, es requisito el considerar con extrema claridad los peligros
envueltos. No todo el mundo que usa la
palabra “paz” quiere paz con libertad y justicia. La sumisión a una cruel opresión y la pasiva aceptación de
dictadores brutales que han perpetrado atrocidades contra cientos de miles de
personas no es una paz real. Hitler
frecuentemente hacía llamados a la paz, que significaba la sumisión a su
voluntad. La paz de los dictadores
frecuentemente no es más que la paz de la prisión o de la tumba.
También hay otros peligros. Negociadores de buena fe a veces confunden
los objetivos de las negociaciones y el proceso de negociación en sí. Es más, negociadores democráticos, o
expertos negociadores extranjeros aceptados para asistir en las negociaciones,
pueden de un plumazo proveer a los dictadores con la legitimidad doméstica e
internacional que les fue antes negada por su usurpación del estado, violación
de derechos humanos, y brutalidades.
Sin esa legitimación, que necesitan desesperadamente, los dictadores no
pueden continuar gobernando indefinidamente.
Los exponentes de la paz no les deben suministrar esta legitimidad.
Razones
para la esperanza
Como hemos dicho anteriormente, los líderes de
la oposición pueden sentirse forzados a buscar negociaciones debido a un
sentimiento de desesperanza en la lucha democrática. Sin embargo, ese sentimiento de falta de poder puede
cambiar. Las dictaduras no son
permanentes. Los pueblos que viven bajo
dictaduras no tienen que permanecer débiles, y no hay que permitirles a los
dictadores permanecer poderosos indefinidamente. Aristóteles indicó hace mucho, “...La oligarquía y la tiranía
tienen más corta existencia que cualquier constitución....En todas partes, las
tiranías no han durado mucho.(6) Los
dictadores modernos también son vulnerables.
Sus debilidades pueden ser agravadas y el poder de los dictadores puede
ser desintegrado. (En el Capítulo
Cuarto vamos a examinar estos puntos débiles en más detalle.)
La historia reciente demuestra la
vulnerabilidad de las dictaduras, y revela que pueden desmoronarse en un período
de tiempo relativamente corto: mientras que diez años --1980-1990-- fueron
necesarios para derrocar la dictadura comunista en Polonia, en 1989 en Alemania Oriental y
Checoslovaquia el derrocamiento ocurrió en cuestión de semanas. En El Salvador y Guatemala en 1944 las
luchas contra las atrincheradas brutales dictaduras militares requirieron
aproximadamente dos semanas cada una.
El régimen militarmente poderoso del Shah de Irán fue socavado en pocos
meses. La dictadura de Marcos en Las
Filipinas cayó ante el poder popular en cuestión de semanas en 1986: el
gobierno de los Estados Unidos rápidamente abandonó al presidente Marcos cuando
la fuerza de la oposición se hizo aparente.
El intento de golpe de estado extremista en la Unión Soviética en 1991
fue bloqueado en días por el desafío político.
Después, muchas de las naciones del Bloque Soviético, que habían sido
dominadas por mucho tiempo, en cuestión de días, semanas y meses recuperaron su
independencia.
La vieja preconcepción que los medios violentos
siempre funcionan rápidamente y que los medios noviolentos siempre requieren
mucho tiempo claramente no es válida. A
pesar que cambios en la situación y en la sociedad pueden requerir mucho
tiempo, la lucha contra la dictadura en sí es a veces relativamente rápida
cuando se usan medios noviolentos.
Las negociaciones no son la única alternativa a
una lucha continua de aniquilamiento por un lado o de capitulación por el
otro. Los ejemplos previamente citados,
y los mencionados en el Primer Capítulo, ilustran que otra opción existe para
aquéllos que quieren paz y libertad: el desafío político.
Tercero
¿De
dónde proviene el poder?
El logro de la libertad con paz no es, desde
luego, una tarea fácil. Requerirá una
gran habilidad estratégica, organización, y planeación. Sobre todo, requerirá poder. Los demócratas no pueden esperar derrocar
una dictadura y establecer la libertad política sin la habilidad de aplicar su
propio poder con efectividad.
¿Pero cómo es esto posible? ¿Qué tipo de poder puede movilizar la
oposición democrática suficientemente para destruir a la dictadura y a sus
vastas redes militares y policiales?
Las respuestas están en la frecuentemente ignorada comprensión del poder
político. Esta comprensión no es
realmente tan difícil de obtener.
Algunas verdades básicas son muy simples.
La
fábula del “Amo de los Monos”
Una parábola china del siglo XIV por Liu-Ji,
por ejemplo, plantea muy bien esta descuidada comprensión del poder
político:(7)
En el estado feudal de Chu un anciano
sobrevivía manteniendo monos a su servicio.
La gente de Chu lo llamaban “ju gong” (amo de monos).
Cada mañana, el anciano reunía a los monos en
su patio, y ordenaba al más viejo a dirigir a los otros a las montañas para
recoger frutos de los arbustos y árboles.
Era la regla que cada mono tenía que dar una décima de su colección al
anciano. Aquellos que no lo hicieran,
recibían latigazos. Todos los monos
sufrían amargamente, pero ninguno se atrevía a quejarse.
Un día, un pequeño mono le preguntó a los
otros: ¿Sembró el anciano todos los árboles frutales y los arbustos?” Los otros respondieron: “No, crecieron en la
naturaleza.” El mono pequeño entonces
preguntó: “¿No podemos tomar los frutos sin el permiso del anciano?” Los otros respondieron: “Sí, todos
podemos.” El mono pequeño continuó:
“Entonces, ¿por qué dependemos de el anciano?
¿Por qué tenemos todos que servirlo?”
Antes de que el mono pequeño pudiera terminar
su oración, todos los monos de pronto vieron la luz y despertaron.
Esa misma noche, cuando el anciano se durmió,
los monos derribaron las barricadas de la empalizada en la que estaban
confinados y la destruyeron completamente.
También tomaron los frutos que el anciano tenía almacenados, los
llevaron con ellos al bosque, y nunca regresaron. El anciano murió de hambre.
Yu-li-zi dice, “Algunos hombres en el mundo
gobiernan a sus pueblos mediante trucos y no principios rectos. ¿No se asemejan al amo de los monos? No están conscientes de su estupidez. Tan pronto como su gente vea la luz, sus
trucos no les funcionarán.”